Las amenazas contra la familia Puentes, que perdió el sábado por la noche en la colonia Frida Kahlo a siete de sus integrantes en un mismo ataque, regresaron ayer con mayor fuerza. A través de llamadas vía celular, les advirtieron que aún faltaba uno más e iban por él.
Por miedo, los deudos abandonaron el panteón de Zaragoza con los cuerpos aún dentro de los carros fúnebres, por lo que fueron los empleados quienes enterraron a los fallecidos.
“No me dejan enterrar a mis muertos”, dijo molesto un adulto mayor que se aferró a quedarse junto a sus seres queridos y darles el último adiós.
El servicio fue interrumpido poco después de la una de la tarde de manera abrupta, pese a que la Secretaría de Seguridad Pública Municipal “blindó” a los deudos con más de 50 elementos en seis patrullas.
Los agentes brindaron vigilancia preventiva a la familia y posteriormente protegieron el cortejo fúnebre hasta la iglesia donde solamente la familia participó.
De ahí, los dolientes se trasladaron al panteón de Zaragoza donde ya había sido sepultado otra de las víctimas ya que sus familiares rechazaron el servicio religioso.
Las unidades de la Policía Municipal cerraron los accesos de las calles colindantes y se apostaron en cada esquina portando armas de grueso calibre.
Pero el rumor de un supuesto “levantón” de una mujer en el sepelio de la séptima víctima en el cementerio de El Sauzal desató el terror entre los asistentes que corrieron a sus vehículos y llorando se retiraron.
Dentro de las camionetas aún quedaban tres ataúdes y montones de flores que recibieron los familiares durante el breve velorio.
El adulto mayor que se resistió a retirarse cargaba las cruces con los nombres de Juan M. Puentes, de 33 años, Valentín Puentes García, de 26, Eduardo Puentes García, de 32, Carlos Puentes, de 22, y Valentín Puentes Hernández, de 52 años.
A toda prisa tomó los distintivos de madera pintados en color blanco y letras negras que colocó en cada una de las tumbas que eran cubiertas de tierra por el operador de la máquina conocida como “mano de chango”, empleada para acelerar el proceso.
“Nos amenazaron, nos acaban de decir que ‘levantaron’ a una señora del otro funeral, nos están amenazando a todos”, dijo enojado el hombre.
Los empleados de la funeraria y del panteón parecían comprender la situación.
Sin mayor demora y en solidaridad con los deudos entre todos empezaron a cargar los ataúdes apurados pero con el mejor trato posible para los difuntos. Uno a uno los colocaron en las fosas y “palearon” la tierra hasta dejarla pareja con la cruz blanca encima.
“No es la primera vez que estamos en un funeral donde la familia es amenazada, ya estamos acostumbrados, para nosotros no es novedad, para ellos sí y considerando que fueron siete las víctimas, es entendible su miedo”, dijo un empleado funerario.
En menos de 15 minutos, los cinco cuerpos fueron sepultados después de una breve misa de cuerpo presente. Una vez que los empleados arrojaron las flores sobre las tumbas todos decidieron marcharse, mientras los agentes esperaban que se retiraran los empleados de la funeraria para retirar la vigilancia.
Segundos después todo terminó, hasta la tensión. Las familias se retiraron a sus casas, donde el miedo los sigue pero podrán llorar y rezar por sus seres queridos asesinados durante una reunión familiar.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
‘No me dejan enterrar a mis muertos’
Staff
El Diario | 10-11-2010 | 00:40
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